Los chilenos y La Haya

Los chilenos y La Haya

Los chilenos enfrentan  el diferendo de La Haya con pesimismo. Hay matices, por cierto,  pero las diferencias consisten en  que mientras los optimistas creen que perderemos poco,   los pesimistas opinan  que perderemos mucho.  ¿Ganar? Eso no está entre los resultados  imaginables.  El mejor escenario posible, se cree, sería no perder nada; pero eso, es demasiado bueno para ser cierto. Así se entiende el diferendo para los legos, y sospecho que la realidad no se aparta demasiado de  esta lectura simple.
La consecuencia de lo anterior es un extendido y comprensible sentimiento de rabia e impotencia, según ha quedado demostrado en la Encuesta Nacional Bicentenario realizada por la Universidad Católica y Adimark que por 6 años consecutivos ha medido el ánimo de los chilenos en materias económicas, sociales, religiosas y también de relaciones internacionales; esto, con motivo de los 200 años de vida independiente. La Haya, se cree, es un diferendo que no buscamos, que vino a poner en duda nuestros derechos territoriales y del cual sólo podemos salir perjudicados.
Porque si no ¿cómo explicar que en un país que se ha caracterizado por el respeto de las leyes y de las instituciones un 73% opine que no debe entregarse ningún territorio al Perú, aun cuando el tribunal de La Haya así lo determine? Este clima de opinión, no nos engañemos, es agresivo, belicoso y contrario al derecho internacional al cual el país aceptó someterse.
Ignoro absolutamente las estrategias que el gobierno chileno y los expertos en derecho internacional están desarrollando para enfrentar el juicio arbitral en curso. Confío, por el calibre de los equipos humanos involucrados, en que serán las adecuadas. Lo que no logro visualizar es quién o quiénes están trabajando en la estrategia de relación con la opinión pública chilena e internacional, para cuando debamos enfrentar un resultado que, ya sabemos, sólo puede variar en grados de adversidad.
Lo que el país enfrenta es, literalmente, un conflicto internacional. Por cierto no un conflicto armado, pues se trata de un tribunal,  pero conflicto al fin y al cabo, en el cual se juega nada menos que parte de nuestro territorio y de nuestra soberanía. El sentimiento existente es de amenaza, y sospecho que, en este conflicto, se está descuidando el “frente interno” como se llamó en los Estados Unidos el trabajo de opinión pública doméstico durante su participación en la II Guerra Mundial.
El mensaje gubernamental, hasta la fecha, es pedir confianza en la granítica solidez de nuestros argumentos y lo inamovible de nuestros derechos. Sospecho que este mensaje no nos está preparando adecuadamente para enfrentar un desenlace que puede ser bastante menos halagüeño y tampoco se condice con el estado de ánimo, y las dudas,  que la opinión pública chilena manifiesta a través de las encuestas. El resultado final, podría ser costosísimo en términos ciudadanos, y ocurrir que un resultado legal desfavorable, pero razonable, termine siendo un desastre de proporciones descomunales.

Roberto Méndez


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